Diego y la gran búsqueda del tesoro de las tablas de multiplicar

Edades 7–8

Cuando se apaga la lámpara del viejo faro, Diego tiene que subir por su escalera de caracol y resolver cada puerta brillante con la magia de la multiplicación para devolver la luz.

La portada de "Diego y la gran búsqueda del tesoro de las tablas de multiplicar"

El viejo faro se había quedado a oscuras. Ni lámpara, ni rayo de luz, ni un destello sobre el agua. —Hace mucho tiempo que algún farero se fue —dijo Pip, acercándose tambaleante—, y la luz se perdió en algún lugar de arriba. Pero cada puerta de esta escalera está cerrada con un acertijo. Diego se ajustó las botas y sonrió. —Entonces subamos resolviéndolos.

La primera puerta brillaba con una luz que giraba y giraba. —Tres por cuatro —leyó Pip en voz alta, y puso tres barquitos de madera, cada uno con cuatro velas bien derechas. —Tres grupos de cuatro —dijo Diego, tocando cada barquito—. Cuatro... ocho... ¡doce! La puerta zumbó, brilló más fuerte y se abrió con un crujido.

Al otro lado de la puerta, un descansillo angosto tenía una pared de pizarra llena de tiza. —Todos los grupos tienen el mismo tamaño —le explicó Diego a Pip, dibujando tres barquitos con cuatro velas cada uno—. ¡Eso es multiplicar! La linterna de Pip parpadeó contenta. —Doce velas, doce escalones subidos —tintineó, subiendo con un clin, clin.

Página 1 de "Diego y la gran búsqueda del tesoro de las tablas de multiplicar"Página 2 de "Diego y la gran búsqueda del tesoro de las tablas de multiplicar"Página 3 de "Diego y la gran búsqueda del tesoro de las tablas de multiplicar"

Créalo con el nombre y la foto de tu hijo · Explora la Biblioteca de Cuentos