Leo y la gran visita del Hada de los Dientes
Edades 5–7
Cuando se le cae por fin el primer diente flojito a Leo, un hada diminuta llega a la luz de la luna para llevarlo a un castillo entre las nubes y dejarle una moneda brillante.

A la hora del almuerzo, Leo mordió una manzana crujiente… ¡y MENEA, MENEA, PLOP! ¡Salió su primer diente! Se quedó boquiabierto, con los ojos muy abiertos, y lo levantó como un tesoro chiquitito. —¡Menea, menea, PLOP, un diente que es solo mío!
—¡Se me cayó el diente! —gritó Leo feliz, dando vueltas de alegría. Desde el borde de la habitación, la mano de una persona grande se asomó para chocar los cinco con suavidad. —¡Menea, menea, PLOP, un diente que es solo mío!
Esa noche, Leo guardó su dientito en la cajita celeste como el cielo. —Duerme bien, dientito —susurró, y dejó la cajita con cuidado sobre la almohada.



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