Santiago y el reloj de arena mágico

Edades 3–5

Cuando Santiago y su nuevo amigo Marco quieren los dos el gran camión volquete amarillo, descubre que un diminuto reloj de arena que gotea puede convertir el difícil sentimiento de esperar en el mejor juego de todo el arenero.

La portada de "Santiago y el reloj de arena mágico"

Lo que más le gustaba a Santiago era el arenero, sobre todo el gran camión volquete amarillo que retumbaba y rugía. De su muñeca colgaba el relojito de arena que un adulto de su familia le había dado, solo para esperar turnos. Hoy, Santiago no veía la hora de jugar.

Pero cuando Santiago llegó al camión, ¡otra mano lo agarró también! Marco lo sujetaba fuerte. —¡Lo quiero yo! —dijo. —¡Yo también lo quiero! —dijo Santiago. Dos manos, un solo camión. Ay, ay, ay.

A Santiago se le pusieron calientes las mejillas y se le apretaron las manos. Era esa sensación gruñona y agarradora de querer algo YA MISMO. Justo entonces, un destello de luz brilló en su muñeca. Santiago respiró hondo.

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