El frasco de brillantina de Hugo: la calma que se asienta

Edades 3–5

Cuando los sentimientos grandes convierten todo el mundo de Hugo en una tormenta que sacude, un pequeño frasco de brillos le enseña que, si se queda quieto como los brillos que se asientan, la tormenta que lleva por dentro también se asienta.

La portada de "El frasco de brillantina de Hugo: la calma que se asienta"

Hugo, con su suéter amarillo y suavecito de bolsillo redondo y verde, y unos pantalones azul marino lisos, estaba armando una torre alta de bloques en el rincón acogedor, ¡cuando se cayó! Se le pusieron las mejillas calientes como una estufa de verano, y por dentro empezó a crecerle una tormenta.

Desde la puerta, unas manos suaves dejaron el frasco redondo de vidrio sobre la alfombra trenzada. —Agítalo —dijo una voz suave y cálida—, y mira lo que pasa, cariño. Despacito y quietos, la brillantina se va asentando.

Hugo agarró el frasco y lo sacudió con fuerza: ¡una vez, dos veces, tres veces más! La brillantina azul estalló en una tormenta loca que giraba y giraba, y Pip se cayó de espaldas del susto.

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