El estiramiento de león de Pablo
Edades 3–5
Pablo se despierta hecho un caracolito justo cuando el rico olor a panqueques sube por las escaleras, y tiene que sacudirse los gruñidos del sueño antes de que el desayuno desaparezca.

Pablo, con su pijama amarillo dorado, se despertó hecho un caracolito, bien enroscado. Abrió un ojito, solo un poquito. ¡Y entonces olió algo: panqueques! Pero sus brazos y sus piernas se sentían pegados, pegados, pegados.
—¡Mis brazos son fideos! —gruñó Pablo, dejándose caer otra vez. Mango se resbaló de la cama y aterrizó en la alfombra redonda de trapo, con la nariz apuntando al piso, mostrándole a Pablo justo adónde ir.
Pablo se deslizó hasta la alfombra, con las manos y las rodillas en el piso. Al fondo del pasillo, tintineó un plato. ¡Los panqueques no iban a esperar para siempre! Mango se dejó caer hecho una bolita, mostrándole el primer estiramiento.



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