Martina y el estanque tranquilo
Edades 3–5
Martina quiere ver bien su propia cara sonriente y el barquito de juguete en el estanque del jardín, pero al salpicar solo arma un revoltijo tembloroso... hasta que descubre que quedarse quieta convierte el agua en un espejo perfecto.

La tarde llegó suave y dorada al jardín. Martina corrió derechito al estanque, con las botas haciendo pum, pum y su collar de piedritas azules rebotando. —¡Quiero ver mi cara en el agua! —gritó, saludando al barquito que se mecía cerca de los lirios de agua.
Martina se arrodilló en la orilla del estanque y metió las puntas de los dedos, moviéndolos muy rápido. ¡Plas! ¡Plas! Unas olitas saltaron y salpicaron el borde de piedra.
El agua se puso picada y gris, como un mar diminuto en plena tormenta. Martina buscó su propia cara y el barquito, pero solo le devolvieron la mirada unos remolinos de barro.



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