El jardín secreto de las palabras amables de Lucía

Edades 3–5

Cuando Lucía descubre un jardín escondido de flores caídas, un duendecillo cubierto de musgo llamado Pip le enseña que las palabras amables, y no el agua, son las que hacen que todos se sientan más grandes y felices.

La portada de "El jardín secreto de las palabras amables de Lucía"

Detrás del viejo muro de piedra, más allá de la cortina de hiedra, Lucía encontró un jardín redondo y secreto que nadie más conocía. Todos los capullos estaban caídos, grises y dormilones. Se detuvo en el borde, agarrando fuerte su regadera con forma de tetera, todavía sin atreverse a entrar.

Un duendecillo cubierto de musgo salió de detrás de una fuente. —¡Soy Pip! —dijo, dando dos saltitos—. Acércate, amiga. A estas flores solo les hacen falta palabras cálidas y amables. Lucía dio un pequeño y valiente paso adelante.

Lucía vio un capullito caído junto a la mesa de macetas. Con mucha prisa dijo “buen trabajo” demasiado rápido, y el capullo solo se movió un poquito, medio brillante, y volvió a quedarse dormido.

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