Pablo y el duende de cuerda

Edades 3–5

Cuando un duende oxidado y gruñón bloquea el puente del jardín, Pablo descubre que un enemigo chirriador y dolorido solo necesita un poco de bondad, y una gota de aceite, para convertirse en amigo.

La portada de "Pablo y el duende de cuerda"

Pablo, con su túnica blandita de fieltro azul pálido y su peto redondo de barro, caminó hasta la puerta del jardín, con las botas crujiendo sobre la piedra cubierta de musgo. En algún lugar, más allá de los setos, algo sonó: ¡Cri, cri, qué cosa tan chirriadora!

Una figura encorvada cerraba el paso del puente. Dos ojos como faroles se abrieron entre las sombras. —¡NADIE cruza mi puente! —gruñó. ¡Cri, cri, qué cosa tan chirriadora!

Pablo se acercó despacio, con la espada de espuma baja y tranquila a su lado. De cerca, el duende se veía pequeño y abollado, con las rodillas oxidadas temblando una contra otra. —Ay —murmuró el duende—. Ay, ay, ay.

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