Hugo y el misterio de la torre del reloj silenciosa

Edades 6–8

Cuando el reloj de la torre del pueblo deja de sonar al mediodía, Hugo sube por la escalera de caracol con su lupa y su libreta para resolver el caso, pista por pista.

La portada de "Hugo y el misterio de la torre del reloj silenciosa"

Todos los días, al mediodía, el reloj de la torre cantaba sobre la plaza: ¡DONG, DONG, DONG! Pero hoy, nada. Solo silencio. Los tenderos levantaron la vista. Las palomas salieron volando. —Qué raro —dijo Hugo, apoyando la mano en su lupa—. Los relojes no se paran porque sí. Chispa ladró una vez, como si estuviera totalmente de acuerdo.

—Dicen que los engranajes se rompieron para siempre —susurró don Tomás, desde su carretilla de fruta. Hugo movió la cabeza. —Eso todavía no lo sabemos. Primero hay que investigar. Sacó su pequeña libreta de cuero y escribió: MEDIODÍA. NO SONÓ. ¿POR QUÉ? Chispa olfateó la pesada puerta de madera de la torre, moviendo la cola a toda velocidad.

La puerta se abrió con un crujido y apareció una escalera de caracol que se perdía hacia arriba, entre las sombras. —Con cuidado —dijo una voz. Era la señora Odalys, la relojera del pueblo, con su cinturón de herramientas tintineando—. Algo ha detenido mis engranajes de golpe. ¿Quieres ayudarme a descubrir qué es? A Hugo se le iluminaron los ojos. —Por eso mismo traje mi lupa.

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