Santiago y el fantasma del Faro de la Punta

Edades 6–8

Cuando extrañas luces fantasmales empiezan a destellar desde el abandonado Faro de la Punta, Santiago se une a un amable guardabosques y a una amiga del pueblo para demostrar que unos ojos atentos y un poco de ciencia pueden brillar más que cualquier cuento de miedo.

La portada de "Santiago y el fantasma del Faro de la Punta"

—¡Dicen que un fantasma enciende el viejo faro todas las tardes! —susurró Mira, abrazándose con fuerza. Santiago levantó una ceja. —Los fantasmas no llevan linternas —dijo—. Algo más está haciendo esa luz. Guardabosques Camilo, ¿nos muestra el lugar? Camilo sonrió y abrió de par en par la crujiente reja.

Por dentro, el faro olía a sal y a madera vieja. Una escalera de caracol subía hacia las sombras, ¡criiic... criiic! bajo cada bota. —Los del pueblo dicen que la luz fantasma aparece justo al atardecer —dijo el guardabosques Camilo. —Al atardecer —repitió Santiago—. Evidencia, no fantasmas. Recordemos esa pista.

Subieron y subieron, con las botas resonando. Una gaviota gritó afuera, junto a una ventanita. —Llevo treinta años cuidando este lugar —dijo el guardabosques Camilo— y nunca he visto un fantasma. Solo máquinas viejas con secretos. Santiago sonrió por encima del hombro. —Entonces descubramos sus secretos.

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