Lucas y el acertijo de las siete llaves
Edades 6–8
Cuando aparece en el desván un baúl polvoriento con siete llaves de hierro que no se parecen, Lucas debe leer la forma de cada llave a la luz de la lámpara para hallar la única que encaja antes de que el misterio se pierda para siempre.

El viejo desván olía a papel y a tiempo. Una voz cálida dijo: —Este baúl no se abre desde hace cincuenta años. Si una llave se atasca y la fuerzas, la vieja cerradura podría trabarse para siempre. Aquella llave que de verdad encaje... el tesoro de adentro será tuyo, Lucas. Lucas sonrió. Siete llaves. Una sola cerradura.
—¡Ooh, un acertijo! —chilló una vocecita. Nib, el ratón del desván, salió de detrás de un baúl, con su bufanda de hilo rojo bamboleándose. —¡Siete llaves y un solo ojo de cerradura! ¡Me encantan los ojos de cerradura! Lucas, con su chaleco de punto color mostaza y la camisa con las mangas arremangadas, se arrodilló junto al baúl. —Primero mira. Después elige —dijo.
Lucas, con su chaleco mostaza y su pantalón de pana, sostuvo la lupa junto a la cerradura y estudió sus bordes. No era solo un agujero redondo: por dentro asomaban pequeñas muescas, como un laberinto diminuto. —Esos salientes son guardas —susurró—. Una llave tiene que coincidir con todas y cada una.



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