Mateo y el misterio del estandarte perdido
Edades 6–8
Cuando el estandarte del campeonato desaparece horas antes de la fiesta de ánimo, Mateo sigue un rastro de manchitas de pintura azul para resolver el misterio antes de que toda la escuela se dé cuenta.

¡Era el día del festejo escolar! El gimnasio zumbaba de emoción, lleno de serpentinas doradas y azul marino, y todos esperaban ver desenrollar el estandarte del campeonato. Pero cuando el entrenador Díaz fue a buscar los ganchos, su brazo se quedó helado en el aire. —Ya no está —susurró una voz. A Mateo se le encogió el estómago: el estandarte, con su halcón rugiente, había desaparecido.
—¡Alguien se lo llevó! —soltó Milo, acomodándose sus gafas redondas. Mateo levantó una mano. —Todavía no lo sabemos —dijo con calma—. Mira bien. Mira dos veces. Primero buscamos pistas. Se arrodilló junto a los ganchos vacíos y sacó su lupa de bronce para examinar el piso centímetro a centímetro.
¡Ahí! Unas manchitas de pintura azul cielo brillaban en el piso, justo donde antes colgaba el estandarte. Mateo se acercó. —Esta no es pintura de la escuela —dijo—. Es más espesa, como la de los caballetes del salón de teatro. Milo abrió los ojos enormes detrás de sus gafas.



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