Martín y la brújula del laberinto de rosas
Edades 6–8
Cuando Martín y dos amigos se pierden en un enorme laberinto de rosales en la fiesta del jardín, se aferra a su brújula de la suerte y cuenta las vueltas hasta llegar a la fuente, y mantiene tranquilos a sus amigos con un plan en lugar de pánico.

La fiesta del jardín estaba llena de música y risas, pero la mayor atracción era el laberinto de rosales, más alto que cualquier adulto y espeso de hojas. —¡Los reto a una carrera hasta la fuente del centro! —dijo Theo. Martín sonrió, agarró la brújula de latón que colgaba de un cordón y entró corriendo al laberinto, con Marisol y Theo pisándole los talones.
Giraron a la izquierda, luego a la derecha, luego otra vez a la izquierda, riéndose en cada vuelta. Pero pronto todos los caminos se veían iguales: pared verde, pared verde, pared verde. —Esperen —dijo Marisol, deteniéndose de golpe—. ¿Por dónde veníamos? Nadie se acordaba. Las risas se apagaron y todo quedó en silencio.
A Theo le tembló el labio. —¡Estamos perdidos! ¡Perdidos de verdad! Marisol abrazó su sombrero de sol contra el pecho. Martín sintió que su propio corazón latía fuerte y rápido, lleno de miedo. Entonces sus dedos encontraron la brújula en su cordón, tibia y firme. Respiró hondo, despacio.



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