Pablo y la búsqueda de la insignia dorada

Edades 6–8

Cuando la búsqueda del tesoro del centenario esparce cinco pistas misteriosas por todo el vecindario, Pablo debe unir códigos, huellas y pedacitos de papel olvidados en una sola respuesta verdadera para ganar la insignia honoraria de joven detective.

La portada de "Pablo y la búsqueda de la insignia dorada"

Todo el pueblo estaba lleno de banderines del centenario, del «pum-pa-pum» de una banda de metales y del cálido olor a pan recién horneado de la panadería. —Cien años de secretos están escondidos en cinco pistas —gritó una voz entre la multitud—. ¡Resuélvanlas todas y abrirán la vieja cápsula del tiempo! Pablo, con su gabardina color mostaza y su gorra roja a cuadros echada hacia atrás, apretó su

—¡Primera pista: la estación de tren! —leyó Nell en su cuaderno, golpeando la página con el dedo. En el andén, Pablo vio un boleto arrugado medio escondido bajo una banca. —Un boleto de tren —dijo, dándole vueltas con cuidado entre sus dedos sin guantes—. ¿Pero de dónde salió y por qué está aquí? Galleta lo olfateó dos veces y ladró fuerte.

Cerca de los canteros de flores del parque, Galleta trotaba suelto, con la nariz pegada al suelo, y de pronto se quedó quieto junto a un montón de pétalos pisoteados. —¡Huellas! —dijo Nell, repasando las formas con el dedo. Medio enterrado a su lado brillaba un collar de perro, pequeño y gastado, que no era de Galleta. Pablo se agachó para examinarlo todo. —Aquí también estuvo el perro de alguien

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