Daniela y el misterio de las zapatillas de ballet desaparecidas
Edades 6–8
Cuando las zapatillas rosadas de satín de la primera bailarina desaparecen una hora antes del recital, Daniela debe seguir un rastro de fibras de seda enganchadas por un laberinto de percheros de vestuario antes de que se levante el telón.

—¡Todos a sus lugares en una hora! —llamó el señor Plumita, y el pasillo tras bambalinas zumbaba como una colmena. Pero Marisol salió disparada del camerino, con los ojos muy abiertos—. ¡Mis zapatillas han desaparecido! ¡Mis zapatillas rosadas de satín! ¡No puedo bailar sin ellas! Daniela levantó la vista mientras se ataba las botas. Un misterio. Justo lo que más le encantaba a ella.
—No te preocupes —dijo Daniela, sacando su lupa de latón—. Todo misterio deja pistas. Se agachó junto al tocador, donde siempre estaban las zapatillas. El lugar estaba vacío, pero algo rosado y brillante relucía en el borde de la mesa. Un solo hilo, delgado como un susurro.
—¡Una fibra de seda! —dijo Daniela—. De una cinta de satín, igualita a la de tus zapatillas. Marisol se acercó. —¿Y adónde nos lleva? Daniela siguió con la mirada la dirección del hilo, fuera del camerino, hacia las formas altas y oscuras de los percheros de vestuario. —Solo hay una manera de saberlo: seguirlo.



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