Emma y la Fuente Susurrante
Edades 6–8
Cuando la histórica fuente del parque se queda en silencio, Emma debe leer los viejos diagramas de las tuberías, descubrir cómo circula el agua y decirle al encargado del mantenimiento exactamente qué válvula girar, antes de que se arruine la fiesta del agua de todo el parque.

La Fuente Susurrante se había quedado en silencio. Ni un chapoteo, ni una salpicadura, ni siquiera una gotita. Emma se detuvo frente a la pila de piedra seca, con la lupa colgada del cuello. —Una fuente callada —murmuró— es una fuente con un secreto. Don Alvaro se rascó la cabeza. —¡Ya la arreglé tres veces! ¡Nada funciona!
—Toda fuente tiene tuberías por debajo, como venas —dijo Emma, tocándose la barbilla con la lupa—. Si el agua no sale, algo se atoró por dentro. Pip chasqueó el pico y revoloteó hasta la vieja placa de bronce con el diagrama, como si señalara el camino.
Don Alvaro se arrodilló junto a una compuerta redonda de metal, detrás de la barandilla de seguridad, y la abrió con un crujido. Subió un aire fresco que olía a cobre y a lluvia. —Esta es la cámara de las válvulas —explicó—. Es demasiado estrecha para mí, pero puedo asomarme. Emma se quedó atrás, en la línea marcada. —¡Entonces yo seré sus ojos desde aquí arriba!



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