El conejo que desapareció del salón 4

Edades 6–8

Cuando el conejo del salón 4 desaparece de su jaula, la joven detective Daniela sigue un rastro de apio mordisqueado, papel triturado y pequeñas pistas por todo el salón, hasta encontrarlo sano, salvo y dormilón en el último lugar donde a alguien se le ocurrió buscar.

La portada de "El conejo que desapareció del salón 4"

La mañana del lunes olía a crayones y a papel nuevo. Daniela fue dando saltitos hasta el rincón de lectura para saludar a Pip, el conejo. Pero la puerta de la jaula estaba abierta y se balanceaba despacito. —¡Pip no está! —exclamó Daniela. , con su chaleco amarillo mostaza, soltó el lápiz. —Necesitamos a un detective —dijo. Daniela levantó su lupa. —Qué suerte que conoces a una.

—Mira bien, piensa despacio, así se resuelve un caso —dijo Daniela, arrodillada junto a la jaula. Vio unas manchitas verdes esparcidas en las baldosas. —¡Pedacitos de apio! garabateó en su libreta, con los lentes resbalándole por la nariz. —¡A Pip le encanta el apio! ¡Quizás dejó un rastro! Daniela sonrió. —Entonces vamos a seguirlo.

El rastro de apio iba en zigzag junto a la mesa de arte, pasando los frascos que olían a pegamento y a pintura mojada. Daniela caminaba de puntillas, con mucho cuidado de no pisar ninguna pista. la seguía de puntillas, apretando la libreta contra su chaleco mostaza. De pronto las migajas se acabaron, justo al borde de la larga sombra del librero.

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