Lucía y el misterio de la pluma del jardín

Edades 6–8

Cuando Lucía encuentra una extraña pluma rayada en el jardín, tiene que usar pistas, conteos y su fiel guía de campo para resolver el misterio de a qué ave pertenece, y aprende la regla más importante de una científica: mirar, no llevarse nada.

La portada de "Lucía y el misterio de la pluma del jardín"

—¡, mira! —susurró Lucía, quedándose quieta a mitad de un paso. Algo brillante y rayado asomaba entre el pasto, junto a la cerca. NO era el pétalo de un girasol. NO era una hoja. El instinto de detective de Lucía empezó a cosquillear. Fuera lo que fuera, parecía el comienzo de un muy buen misterio.

De cerca, la pluma era todavía más extraña. Tenía gruesas barras negras que cruzaban rayas de un amarillo brillante, como una banderita rayada. —Una verdadera detective nunca toca las pruebas con las manos desnudas —se recordó Lucía a sí misma—. ¿Qué dicen las pruebas? —susurró, y miró, y siguió mirando.

—¡Aquí hay una pista, una pluma! —llamó Lucía hacia la cerca. Una mano le respondió con un saludo, y una voz cálida flotó por encima de los girasoles: —¿Una pista, eh? Eso suena a trabajo para tu guía de campo. ¡Ve por ella, detective!

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