Pablo y el niño nuevo del comedor
Edades 6–8
Cuando un alumno nuevo se sienta solo en el comedor, un niño se atreve a dejar atrás a sus populares amigos y descubre que la amabilidad no necesita palabras compartidas.

A Pablo le encantaba la hora del almuerzo. Le encantaba el ruido de las bandejas, el olor a pan calentito y sentarse con sus mejores amigos, Priya y los demás, junto a la ventana. Pero hoy algo nuevo le llamó la atención: un niño al que nunca había visto, sentado solo.
El niño nuevo miraba fijo su bandeja. No se reía con ningún chiste. No decía ni una sola palabra. Pablo le susurró a Priya: —¿Sabes cómo se llama? Priya se encogió de hombros y respondió: —Acaba de mudarse aquí. Todavía no habla nuestro idioma.
Pablo estuvo mirando al niño nuevo durante todo el almuerzo. Nadie lo saludó. Nadie le sonrió. Se veía pequeñito en esa mesa tan grande, completamente solo. ¿Y si Pablo iba y todos se reían? Su lonchera de lata pesaba entre las manos. Tap, tap. Siempre la golpeteaba así cuando pensaba mucho.



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