El radar de bondad de Santiago

Edades 6–8

Santiago descubre un superpoder silencioso —notar las pequeñas señales de tristeza que otros niños no ven— y pasa un día entero usando gestos de bondad secretos, divertidos y valientes para animar a tres amigos, sin necesitar nunca el crédito.

La portada de "El radar de bondad de Santiago"

Santiago tenía un poder secreto. No era volar ni tener superfuerza, sino algo más callado: podía descubrir un sentimiento triste desde el otro lado de un patio lleno de gente. Los niños iban llegando solos, con las mochilas rebotando y el portón chirriando al abrirse y cerrarse. Su cuaderno lo esperaba en el bolsillo. Hoy lo presentía: iba a ser un día de tres bips.

Bip. Su radar vibró. Al otro lado del patio, estaba sentada sola en la banca, mirándose los zapatos en vez de reír con los demás. Su mochila de rayas colgaba a su lado, desinflada, como si también estuviera triste. —Ahí está mi primer bip —susurró Santiago, y se fue derechito a la banca.

Santiago no le preguntó qué le pasaba. Abrió su cuaderno, encontró un dibujito viejo, lo arrancó y lo deslizó sobre la banca: «Tú haces las MEJORES caras graciosas. ¿Me lo demuestras?». parpadeó, desdobló el papel y se le escapó una risita sin poder evitarlo. —Está bien —dijo—, pero solo porque lo pediste con cariño.

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