Pablo y la promesa de la Plaza del Arce
Edades 6–8
Cuando unos niños del parque se burlan de la forma de hablar de un compañero, Pablo se pone hombro con hombro a su lado, lo espera con paciencia hasta que termina de hablar y convierte un momento de burla en una lección de lealtad.

Todas las tardes, al salir de la escuela, Pablo y corrían hasta la Plaza del Arce. —Los buenos amigos esperan —decía siempre la abuela de Pablo, y Pablo lo creía de verdad. Le encantaban el columpio de cuerda, el golpeteo del balón de básquetbol y, sobre todo, las historias de dinosaurios de , aunque a sus palabras les gustara tomarse su tiempo para salir.
—¿Adivina qué encontré? —dijo , recuperando el aliento—. Un f-f-fósil. Bueno, creo que es un fósil. Tiene una forma r-rara... Siguió y siguió, describiendo cada bultito y cada rayita, mientras Pablo giraba el silbato plateado entre los dedos y escuchaba con las dos orejas bien abiertas.
Al otro lado de la cancha, dos niños de la escuela, Dev y Tomás, se acercaron con el balón gastado. Tomás dudó y miró de reojo, pero Dev sonrió de oreja a oreja. —¡Dilo bien, anda! —gritó, tan fuerte que toda la cancha lo oyó. La boca de se cerró de golpe.



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