Hugo y la montaña rusa gigante
Edades 6–8
En el parque de diversiones, a Hugo se le retuerce el estómago al ver la montaña rusa gigante, y mientras todos sus amigos insisten en que no tienen miedo, él encuentra el valor para decir la frase más verdadera y difícil del día: «Tengo muchísimo miedo y no quiero subirme».

Las puertas del parque se abrieron de par en par, y todo olía a palomitas y a sol. —¡El que llegue primero a la montaña rusa gana! —gritó Mateo, que ya salía corriendo. Hugo miró hacia arriba, a la montaña rusa gigante que se retorcía entre las nubes, y sintió que el estómago también se le retorcía. Se tocó la bolsita roja que llevaba en el cinturón. Retorcijón, retorcijón, retorcijón.
En la fila de la limonada, Mateo sacó el pecho. —Esa montaña rusa no es nada. ¡No le tengo miedo a NADA! Priya se acomodó los lentes y no dijo nada. Sam soltó una risa un poquito demasiado fuerte. Hugo apretó la bolsita roja. Retorcijón, retorcijón, retorcijón, le hacía el estómago, pero se quedó callado.
Pasearon junto al carrusel, con sus caballitos pintados que brillaban como el oro. Sam le jaló la manga a Hugo. —¿No estás emocionado? Todos se suben a la grande. A Hugo se le cerró la garganta. Tragó saliva y solo asintió con la cabeza, con los pies pegados al suelo como con pegamento.



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