El día de arreglar bicicletas de Mateo
Edades 6–8
Cuando a un pequeño vecino se le sale la cadena de la bici y le arruina la tarde, Mateo toma su fiel caja de herramientas, con la esperanza de poder arreglarla él solo, y con paciencia deja todo en orden, eslabón por eslabón.

Mateo llevaba su bici despacito junto al gran roble, y la caja de herramientas de lata traqueteaba en la canasta. Una vez había arreglado un portón que chirriaba, y también la rueda chueca de un carrito, pero siempre con alguien mirando por encima de su hombro. Hoy se preguntaba: ¿podría arreglar algo él solito, de principio a fin?
—¡ESPERA! ¡ESPERA! —gritó alguien con voz de lamento. Mateo estaba paralizado junto a la pared de ladrillos. Su pequeña bicicleta roja yacía de lado, con la cadena colgando suelta y grasienta como un collar roto. —¡Se paró de repente! —dijo Mateo, con el labio temblando—. ¡Ahora no puedo ir en bici al parque! ¡Todos ya están allá sin mí!
Mateo se bajó de un salto de su bici y se arrodilló junto a la de Mateo. Pimienta olfateó la cadena y soltó un quejidito preocupado. Al principio, el guardabarros de metal doblado se veía mal, como si algo se hubiera roto. Pero al acercarse más, Mateo descubrió la verdad: la cadena no se había roto para nada. Solo se había salido de los dientes del engranaje.



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