Hugo y la voz suave de la calle Roble

Edades 6–8

Cuando Hugo encuentra al perro del vecino suelto y aterrado detrás de una cerca, descubre que el verdadero valor suena como un susurro, no como un grito.

La portada de "Hugo y la voz suave de la calle Roble"

La calle Roble olía a hojas de otoño y a pan tostado. Hugo caminaba despacio a casa, pateando una piña, con el silbato rebotando en su cordón. De pronto, un sonido lo dejó helado: un ladrido agudo y asustado, una y otra vez, detrás de la cerca del señor Álvarez. Su corazón dio un saltito.

Al asomarse por la cerca, Hugo vio a , el pequeño terrier del vecino, arrinconado junto al cobertizo y sin correa. Tenía el pelo erizado. Todo su cuerpo temblaba como una hoja en el viento. —Tranquilo —susurró Hugo entre las tablas—. Te veo. Estás bien.

El corazón de Hugo latía como un tambor. Todo su cuerpo le pedía salir corriendo y gritar pidiendo ayuda. Pero recordó algo que había aprendido en la escuela: un animal asustado necesita calma, no ruido. Así que respiró hondo, despacio, y luego otra vez.

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