Lucía y el megáfono de la justicia
Edades 6–8
Cuando las reglas del cuadro no paran de cambiar para dejar fuera a los más pequeños, Lucía planta los pies en el centro de la cancha y habla fuerte, claro y con justicia por todos, incluso por el niño más escandaloso del patio.

En la escuela Arroyo Claro, el recreo significaba una sola cosa: cuadro. Las líneas rojas y descascaradas eran el lugar favorito de Lucía en todo el patio. «Una mano, se rota, todos son bienvenidos»: esa era la regla que todos se sabían de memoria. A ella le encantaba el rebote, el ritmo y lo justo que era el juego.
Pero últimamente algo andaba mal. Cada día, los niños más grandes inventaban una regla nueva. «¡Los pequeños no pueden estar en el cuadro uno!», gritó alguien. Valeria frunció el ceño, con su cuaderno en la mano. «Esa es la cuarta regla nueva de esta semana», murmuró. A Lucía se le apretó el estómago. ¿Cuál sería la regla de mañana?
Su mejor amiga , una de las más pequeñas de segundo grado, estaba fuera de la línea de tiza, con los brazos muy cruzados. «Dijeron que soy muy chiquita. Otra vez», susurró. Lucía sintió un burbujeo caliente en el pecho, ese que siempre significaba que algo no era justo. Algo tenía que cambiar.



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