Valentina y el Escudo de Luz
Edades 6–8
Cuando las burlas empiezan a doler, Valentina aprende de la abuela Rosa que las palabras feas son como regalos que no se quieren, y descubre un escudo brillante, solo suyo, que únicamente ella decide abrir.

En el recreo, Valentina mostró un dibujo de un dragón morado. —¡Qué tontería! —se rio un niño llamado Diego—. ¡Los dragones no son morados! A Valentina se le pusieron las mejillas calientes. Las palabras la pincharon como una salpicadura de agua fría, y ella miró sus zapatillas verdes, deseando poder desaparecer.
Esa noche, Valentina estaba callada en la cena, jugando con sus chícharos. —Pasó algo en la escuela —susurró—. Su collar plateado, con forma de un escudito, le pesaba en el cuello. ¿Alguien entendería cuánto le habían dolido esas palabras?
A la tarde siguiente, la abuela Rosa se mecía en el columpio del porche, con su taza de té en la mano. Valentina le contó todo. —Mi cielo —dijo la abuela Rosa—, las palabras feas son como regalos. Alguien te los ofrece, pero tú no tienes que aceptarlos. Si dices «no, gracias», ese regalo se queda con quien lo trajo.



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