Emma y el gran equipo del volcán

Edades 6–8

Cuando su grupo de ciencias se desarma antes de la gran feria, Emma descubre que una buena líder no hace todo el trabajo sola: encuentra el trabajo justo para cada par de manos.

La portada de "Emma y el gran equipo del volcán"

A Emma le encantaban los desafíos, y este era el más grande de todos: un proyecto de volcán para la clase, que valía toda una calificación y había que entregar en una semana. —Equipo Cuatro Burbujeantes —anunció la maestra Ortiz, señalando a Emma, a Mateo, a Valentina y a Diego. Emma sonrió y apretó con fuerza su carpeta amarilla. —Todos tienen un trabajo que les queda bien —se susurró a sí misma,

Al día siguiente, empezaron los problemas. —Esto es aburrido, mejor lo hacemos sobre la marcha —dijo Valentina, apartando con la mano la hoja del plan. Diego se cruzó de brazos. —Yo no voy a medir. Ese no es mi trabajo. A Emma se le hizo un nudo en el estómago. La cartulina seguía en blanco como la nieve.

Emma agarró un lápiz e intentó dibujar el volcán ella sola, pero las líneas le salieron chuecas y desordenadas. Lo tachó, frustrada. Entonces se acordó de que, el otoño pasado, su equipo de la escuela había fracasado porque un solo niño lo hizo todo. —Todos tienen un trabajo que les queda bien —murmuró Emma, y miró a su alrededor, a todos los de la mesa, con otros ojos.

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