Emma y la defensora del viejo roble
Edades 6–8
Cuando el antiguo árbol que da sombra al pueblo es marcado para convertirse en estacionamiento, Emma reúne a sus compañeros, se enfrenta a un adulto escéptico y encuentra el valor para hablar en la reunión del consejo.

Todas las tardes, después de la escuela, Emma corría al parque para trepar siempre al mismo roble viejo. Sus ramas eran anchas como caminos, su tronco grueso como un muro y su sombra fresca como un lago. —Hola, viejo amigo —susurró, dando palmaditas a la corteza, como hacía siempre.
Don Samuel, el jardinero del parque, rastrillaba hojas cerca de allí. —Con cuidado, pequeña —dijo riendo—, ese árbol es más viejo que todo este pueblo. Emma sonrió y subió más alto, con su tablilla en forma de hoja guardada en el bolsillo de la chaqueta. —Hola, viejo amigo —dijo otra vez, más bajito, solo para el árbol.
Al día siguiente, un aviso naranja estaba grapado al tronco. lo leyó en voz alta. —Van a cortarlo. Para hacer un estacionamiento. A Emma se le encogió el estómago. Tocó la corteza. —A ti no —susurró—. A mi viejo amigo, no.



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