El cuarto propio de Martina
Edades 6–8
En la primera noche en un cuarto nuevo y sin lucecita, Martina debe encontrar el valor para enfrentar la oscuridad desconocida, con una linterna, una gata curiosa y recuerdos soleados de la playa.

Esa noche era la primera en el cuarto propio de Martina, con su suave pijama azul estampado de conchitas blancas. Ya no compartía su cuarto con nadie, ni había una lucecita encendida en la esquina: solo ella, una cama nueva y cajas que todavía esperaban que las desempacaran. —Ya eres una niña grande —le dijo su familia. Martina sonrió, pero la oscuridad al otro lado de la ventana se veía enorme.
Pimienta, la gata, saltó sobre el edredón, ronroneando fuerte. —Al menos no estoy completamente sola —susurró Martina, rascándole detrás de las orejas. Afuera, las ramas del árbol alto rozaban suavemente el vidrio, como dedos que tocaban para entrar.
La lámpara hizo clic y se apagó. La oscuridad se tragó todo el cuarto. Martina se subió la cobija hasta la barbilla. —Piensa en la playa —se susurró a sí misma—, pero ese pensamiento se le escapó enseguida, espantado por cada crujido nuevo y extraño de la casa que se acomodaba para dormir.



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