Valentina y la regla del choque de manos
Edades 6–8
En una fiesta familiar grande y animada, Valentina descubre un superpoder escondido a plena vista: una voz clara y amistosa que mantiene su cuerpo solo suyo.

La reunión familiar era ruidosa de la mejor manera: la limonada burbujeaba, los farolitos se mecían y los primos perseguían abejas entre las margaritas. —Recuerda —dijo , guiñándole un ojo a Valentina—, tu cuerpo siempre tiene la última palabra. Valentina asintió, se acomodó su pin de estrella y salió corriendo a unirse a la diversión.
—¡Ahí está mi solcito favorito! —retumbó el tío Baxter, dejando su jarra de limonada y abriendo bien los brazos para darle un abrazo apretado. Valentina dio un pequeño paso hacia atrás. Los abrazos grandes y por sorpresa nunca le parecían del todo bien.
Valentina recordó las palabras que le había dicho esa mañana: —Tu cuerpo es tuyo y tú decides. Se tocó dos veces el pin de estrella, respiró hondo y encontró su voz clara y amistosa, esa que no grita, pero tampoco tiembla.



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