El camino a casa de Julia
Edades 6–8
Cuando un árbol caído esconde las marcas del sendero y la niebla cubre la montaña, Julia debe confiar en su mapa, en su silbato y en su propio corazón tranquilo para guiar a su familia de regreso a salvo.

A Julia le encantaba hacer caminatas con su familia, sobre todo la parte en que le tocaba revisar el mapa. El sendero de hoy serpenteaba por una montaña de pinos hasta llegar a un mirador de rocas. —Quédense cerca de las marcas —gritó el abuelo Ramón desde adelante, mientras su bastón golpeaba un poste pintado de amarillo. Julia asintió y dio unas palmaditas al mapa en el bolsillo de su chaleco.
Subieron y subieron. olfateaba las piñas y movía la cola. La melodía que silbaba el abuelo Ramón resonaba entre las rocas. De pronto, ¡CRAC!, un enorme pino caído atravesaba el sendero, con las raíces arrancadas de la tierra. El siguiente poste amarillo no se veía por ningún lado.
Pasaron por encima del tronco y siguieron andando, pero ¿por dónde iba el sendero? ¿A la izquierda, hacia las rocas grandes, o a la derecha, hacia los árboles? Ya nadie estaba muy seguro. A Julia le dio un vuelco el estómago, y hasta a se le cayeron las orejas.



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