Leo y Bolt, el robot del laberinto

Edades 6–8

Cuando el laberinto de la competencia cambia de repente, Leo tiene que ganarle al reloj y reescribir en vivo el ciclo lógico de su robot, sensor por sensor, para guiarlo sano y salvo hasta la salida.

La portada de "Leo y Bolt, el robot del laberinto"

El gimnasio vibraba de emoción, con silbatos y ruedas que chirriaban por todas partes. Los equipos hacían fila junto a la plataforma del laberinto, y los robots zumbaban y parpadeaban. Leo se arrodilló junto a Bolt, su propio robot corredor de laberintos, cuyo ojo azul parpadeaba al despertar. —¿Listo para encontrar la salida, amigo? —susurró. Bolt hizo dos pitidos, su señal para decir que sí. Dos

—Recuerda —dijo Mira, agachada junto a Leo con el robot de su equipo—, tu código tiene que pensar rápido si el laberinto cambia. Leo sonrió y dio unas palmaditas a la laptop. —Por eso hice un ciclo de si/entonces. Si hay pared adelante, entonces giro. ¡Así de fácil! Mira se tocó la barbilla. —Los laberintos son solo patrones esperando a que alguien los resuelva —dijo.

Alguien levantó la mano en la mesa de los jueces. —¡Los robots, a sus marcas de salida! —gritó una voz. Leo puso a Bolt en la entrada del laberinto y tocó el pequeño destornillador prendido a su sudadera para la buena suerte. —¿Sensores ultrasónicos listos? —preguntó. Las antenas de Bolt se movieron como bigotes, y su ojo azul brilló con luz firme. Listos. Preparados. Ya casi era la hora.

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