Pablo y la máquina de armar esqueletos
Edades 6–8
Cuando un misterioso montón de huesos antiguos llega al museo, Pablo, un voluntario de siete años, debe escanear, imaginar y reconstruir hueso por hueso el esqueleto de un raptor para descubrir el secreto de cómo se mantenía de pie sobre dos patas.

Todos los sábados, Pablo se ponía su chaqueta verde azulado de voluntario y pasaba corriendo junto al enorme cráneo de ballena, rumbo al laboratorio de fósiles. Hoy era un día especial: acababa de llegar un cajón de huesos misteriosos del yacimiento del desierto. —¿Listo para resolver un acertijo, Pablo? —preguntó la doctora Elena, empujando el cajón sobre ruedas. La insignia de la doctora brillab
Dentro del cajón había decenas de huesos revueltos, algunos tan pequeños como cucharas y otros tan largos como el brazo de Pablo. Ninguno se parecía a los dinosaurios de los libros. —Nadie sabe qué criatura era —dijo la doctora Elena. Tuerquita hizo bip y se acercó rodando, con su brazo escáner zumbando, cuidando de no pasar cerca de la cara de Pablo. —¡Especie misteriosa detectada! —canturreó. Pa
—Necesitamos conocer la forma exacta de cada hueso antes de adivinar cómo encajaban —explicó la doctora Elena. Pablo, con su chaqueta verde azulado y su cordón al cuello, levantó su escáner plateado y apuntó la punta luminosa hacia un hueso curvo de muslo. Una suave luz azul lo recorrió y en la pantalla del laboratorio apareció una copia 3D reluciente. Pablo levantó la vista hacia el lector, sonri



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