El Volcán y los Sensores de Lucas
Edades 6–8
En una estación de campo junto a un volcán, Lucas construye tres sensores caseros de péndulo para resolver un misterio tembloroso: por qué un solo instrumento nunca puede contar toda la historia de la montaña que se sacude.

El suelo de la Estación Emberfell zumbaba como un gigante dormilón que se da vuelta en la cama. Lucas apoyó la palma de la mano en la baranda de madera del sendero y sintió un temblorcito apenas perceptible. —¿Sentiste eso? —le susurró a Kobi. El lente ámbar de Kobi parpadeó. —Apenas registré un meneíto —pitó. —Menea, menea, dime la verdad —murmuró Lucas, frunciendo el ceño hacia la carpa silencio
Dentro de la carpa, la doctora Elena Soldís seguía con el dedo una línea ondulada en la pantalla brillante de la estación. —Esta máquina solo nos cuenta lo que tiembla justo debajo de ella —dijo, golpeando suavecito el vidrio—. Y Lucas sintió algo que el gráfico casi no mostró. Qué curioso, ¿verdad? Lucas ladeó la cabeza. —Entonces, ¿una sola máquina no basta? Elena sonrió. —Exacto. Es un acertijo
Lucas abrió la libreta de latón que llevaba sujeta al cinturón. —¿Y si construyo mi propio sensor? —dijo mientras dibujaba rápido—. Una pluma colgada de un peso que se balancea, apoyada sobre un tambor de papel que da vueltas. El lente de Kobi se iluminó. —¡Péndulo más tambor es igual a línea ondulada! —pitó contento. —Va por buen camino —dijo Elena, que ya estaba buscando piezas de repuesto.



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