El huerto de Martín en la base lunar

Edades 6–8

En un huerto con cúpula de cristal en la Luna, Martín debe salvar su cosecha de fresas mezclando el agua con los nutrientes justos y los colores de luz correctos, con la ayuda de su amiga Rosa, la cultivadora de papas de Marte, que le habla por videollamada.

La portada de "El huerto de Martín en la base lunar"

A trescientos ochenta y seis mil kilómetros de casa, Martín vivía en un jardín de cristal en la Luna. Hileras de torres de fresas zumbaban bajo luces rojas y azules. —Sin tierra y sin sol, ¡no hay problema! —le gustaba decir, mientras se colgaba del cinturón su varita brillante de nutrientes.

Pero hoy algo andaba mal. Las hojas de las fresas se doblaban como banderas cansadas, pálidas y secas en las orillas. A Martín se le revolvió el estómago de los nervios. —Bolt, haz un escaneo —dijo, arrodillándose junto a la torre más cercana. Las antenas de Bolt se movieron. —¡Nutrientes muy bajos! ¡Muy, muy bajos! —pitó, parpadeando con tres lucecitas rojas y tristes. —¿Y si no logro arreglarlo

Martín metió la varita brillante en el tanque de agua. La punta se encendió de amarillo pálido. —Poco nitrógeno —leyó en voz alta de su diario del huerto—. Las fresas necesitan la mezcla justa de nutrientes, igual que una receta. Se mordió el labio, pensando muy fuerte, con la cara iluminada por el brillo de la varita.

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