Lucía y la espiral de luz azul
Edades 6–8
Decidida a iluminar su cuadra sin gastar ni una gota de electricidad, Lucía se une a un equipo de investigación costero para reunir microbios luminosos y construye una farola en espiral que brilla de azul cada vez que el viento de la tarde la sacude.

Todas las noches, la farola de la esquina de Lucía zumbaba y ardía, tragándose la electricidad mientras todos dormían. —Tiene que haber una forma mejor de alumbrar la oscuridad —dijo, golpeándose la barbilla con su lupa de latón. No sospechaba que la respuesta era más pequeña que un grano de arena... y brillaba de color azul.
—¿Y si la luz no necesitara electricidad? —se preguntó Lucía en voz alta, hojeando un libro sobre criaturas marinas que brillan. De pronto, el altavoz del escritorio chisporroteó. —Qué buen momento —dijo una voz cálida. Era la doctora Marisol, que llamaba desde un acuario de investigación, lejos, junto al mar—. ¿Quieres conocer algo que brilla?
Por el altavoz, la doctora Marisol fue guiando a Lucía, mientras unas manos enguantadas, en la pantalla, movían un pequeño brazo recolector por un tanque enorme. El brazo sacó con delicadeza un hilito de agua luminosa cerca del coral. —Estos seres vivos diminutos fabrican su propia luz —dijo—. Se llama bioluminiscencia. ¡Es luz fría, casi sin nada de calor!



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