Paula y la pata biónica de Bruno, el búho

Edades 6–8

Cuando un búho blanco rescatado pierde el equilibrio después de una herida, Paula convierte un taller lleno de engranes y pegamento en un laboratorio de ingeniería biomédica y, enfrentando sus propias dudas, diseña una garra nueva para Bruno.

La portada de "Paula y la pata biónica de Bruno, el búho"

En el Refugio Prado Verde, Paula, con su overol de pana amarillo mostaza y su camiseta de rayas, encontró a Bruno, el búho blanco, acurrucado en la paja, con una pata envuelta en una venda blanca. —Ya no puede agarrarse a su percha —dijo la doctora Fernanda en voz baja. Bruno parpadeó con sus grandes ojos oscuros y se tambaleó, y Paula sintió un apretón en el pecho. —Entonces lo ayudaré a ponerse

—Su pata vieja sanó chueca —explicó la doctora Fernanda, siguiendo con suavidad la venda—. Necesita algo nuevo para mantener el equilibrio. Paula sacó su lupa de latón, sosteniéndola un poquito lejos del ojo para poder ver bien, y estudió cada escama y cada tendón de la pata sana de Bruno. —Necesito ver exactamente cómo agarra una garra —dijo— antes de poder construir una que funcione.

Esa tarde, Paula dibujó formas de garras en una tablilla, en el cobertizo del taller. —Tres dedos, como los de Bruno —murmuró, borrando y volviendo a dibujar—, ¡y no puede quedarse rígida, tiene que doblarse! ¿Y si se equivocaba? Afuera, al otro lado de la ventana, Bruno la miraba desde su jaula, ladeando la cabeza con cada rasguño del lápiz, como diciendo: ¿estás segura?

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