La sala de control del parque eólico de Lucía
Edades 6–8
Cuando una ráfaga salvaje amenaza con sobrecargar la red eléctrica de la costa, Lucía construye una maqueta de parque eólico y descubre el patrón que mantiene en equilibrio a cincuenta turbinas de verdad, para que las luces del pueblo sigan encendidas.

Lucía adoraba los días de viento. De pie en el muelle, su anemómetro de latón hacía clic en su mano. Lejos, en la bahía, cincuenta enormes turbinas giraban sin parar. —Más viento significa más energía —susurró. Hoy el viento se sentía salvaje. Cada segundo soplaba más fuerte.
Una sirena sonó en el faro. Nella salió corriendo y le hizo señas a Lucía para que entrara. —¡La ráfaga es demasiado fuerte! —gritó—. ¡Si las turbinas giran demasiado rápido, toda la red eléctrica podría apagarse! El corazón de Lucía latía con fuerza. Emoción y preocupación, todo a la vez.
Lucía entró corriendo, sin aliento. La sala de control zumbaba. Las pantallas parpadeaban en rojo, y la maqueta del parque eólico, grande como una pared, mostraba cincuenta turbinas pequeñas girando como locas, sin ningún orden. —Necesitamos un patrón —dijo Nella— para que ninguna turbina reciba demasiado viento de una sola vez. Los ojos de Lucía se abrieron muy grandes, llenos de concentración.



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