Valentina y la bahía silbadora

Edades 6–8

Cuando Valentina baja un hidrófono a la bahía, descubre que cada delfín salvaje tiene su propio nombre musical, y que una cría solitaria está llamando a una amiga de su edad.

La portada de "Valentina y la bahía silbadora"

A Valentina le encantaban los sonidos tan pequeños que los oídos casi no los alcanzan: el zumbido de las abejas, el tic-tac de un reloj. Hoy estaba de pie en el muelle de investigación, con un cable naranja enrollado, mirando la bahía. —Escucha bien —susurró—. Allá abajo la bahía está cantando, y voy a aprender su canción.

Un brazo se asomó con una tablilla. —¿Lista para conocer a los vecinos? —dijo la capitana Mira, con una voz cálida junto a ella. Le pasó a Valentina el hidrófono de borde de latón—. Este micrófono pequeñito oye bajo el agua. Bájalo despacito y solo espera. A Valentina le temblaban las manos de la emoción mientras sujetaba el cable.

El hidrófono bajó, hundiéndose por el agua azul verdosa, entre cintas de alga que se mecían. Valentina se apretó los audífonos contra las orejas y lo oyó: chasquidos como castañuelas diminutas y después un silbido largo y enroscado. —¡Ahí está! —exclamó sin aliento—. ¡Es un delfín hablando!

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