Emma y el gran rescate del cañón

Edades 6–8

Cuando el rover explorador de Emma desaparece en una zona de silencio en lo profundo de un cañón de Marte, ella debe confiar en las matemáticas que le programó (vueltas de rueda, ángulos de inclinación y un conteo constante) para guiarlo de regreso a casa sin una sola señal de satélite.

La portada de "Emma y el gran rescate del cañón"

—Pathfinder, informa tu posición —dijo Emma por la tableta de muñeca. Solo le respondió el crujir de la estática. En la gran pantalla de la cúpula, un puntito brillante se quedó quieto en el borde del Cañón Canto del Viento, justo donde los mapas se quedaban en silencio. —Lo perdimos —susurró Milo, con las ruedas temblando. —Cuenta las vueltas —murmuró Emma—. Confía en la inclinación.

La mano enguantada de la doctora Vargas se posó en el hombro de Emma desde atrás, sin que su rostro se asomara jamás. —Tú construiste el cerebro de Pathfinder —dijo—. Le enseñaste a contar las vueltas de sus propias ruedas y a sentir su propia inclinación. Cuenta las vueltas, Emma. Confía en la inclinación. Emma asintió despacio, recordando cada línea de código que había escrito.

—Odometría y giroscopio —murmuró Emma, tocando la tableta de muñeca para despertarla—. Pathfinder cuenta las vueltas de sus ruedas para saber cuánto avanzó, y su giroscopio siente cada inclinación y cada giro. Aunque no pueda ver, puede encontrar su camino, si los números son correctos. Milo contaba con sus dedos brillantes. —¡Cuenta las vueltas! ¡Confía en la inclinación! —gorjeó feliz.

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