Julia y la abeja de ámbar

Edades 6–8

Cuando Julia encuentra una extraña piedra dorada a la orilla del río, descubre un secreto de cincuenta millones de años congelado en su interior, que podría cambiar lo que la gente sabe sobre las flores antiguas.

La portada de "Julia y la abeja de ámbar"

Julia se agachó a la orilla del río, hundiendo los dedos en la grava fresca, con la lupa de latón balanceándose en su cordón alrededor del cuello. —Vamos, Pip, hoy tiene que haber algo bueno —murmuró. Pip movió la nariz y se metió primero entre las piedritas, con la cola meneándose como una banderita de esperanza.

Pip ladró dos veces y escarbó con la patita algo dorado medio enterrado en el barro. Julia quitó la tierra con el pulgar, muy despacito. —¡Oh! —exclamó—. ¡Parece un rayo de sol congelado! La piedra se sentía tibia, lisa y extrañamente viva en la palma de su mano.

Julia corrió hasta la mesa de trabajo, donde la doctora Feng estaba clasificando piedritas. —¡Mira lo que encontró Pip! La doctora Feng se acercó, con los ojos brillando detrás de sus anteojos. —El ámbar —dijo— es sangre de árbol convertida en oro, y a veces guarda un secreto. Julia abrió los ojos como platos. ¿Qué clase de secreto podría estar escondido allí dentro?

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