Paula y las redes de niebla para los árboles sedientos

Edades 6–8

Cuando el huerto de su familia en la colina se vuelve seco y polvoriento, Paula se une a una vecina con mucha experiencia para tender redes de malla por la cresta cubierta de niebla y atrapar las gotitas diminutas para los árboles, gota a gota.

La portada de "Paula y las redes de niebla para los árboles sedientos"

Los árboles frutales del huerto de Paula se doblaban como paraguas cansados. Hacía semanas que no caía ni una gota de lluvia. —Nuestro tanque de agua está casi vacío —gritó su abuela desde el porche. —Gota a gota, ya encontraremos una solución —dijo Paula, y se bajó bien el sombrero para el sol y echó a andar decidida hacia la cresta cubierta de neblina.

En lo alto de la cresta, Paula encontró a Mara, que tendía una red alta entre dos postes de madera. —Cada mañana la niebla llega espesa como la lana —dijo Mara, alisando la malla con su mano curtida—. Gota a gota, llevo años atrapando su agua. Acércate y mira cómo se hace.

—La niebla no es lluvia —explicó Mara—. Son gotitas diminutas de agua que flotan en el aire, demasiado ligeras para caer. La red solo atrapa esas gotitas de niebla cuando pasan arrastradas por el viento. Paula acercó su lupa a la malla y soltó un suspiro de asombro: había perlitas plateadas pegadas a cada hilo.

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