Sofía y la Biblioteca de Semillas de Valleescarcha
Edades 6–8
En lo profundo de una montaña nevada, Sofía debe inventar una forma de sellar a prueba de humedad las semillas más raras del mundo antes de que se echen a perder para siempre.

Sofía se ajustó bien las manoplas y entró en la Biblioteca de Semillas de Valleescarcha, donde mil frascos brillaban como pequeños soles ámbar a lo largo de las paredes de hielo. —Estas son las semillas antiguas más raras del mundo —dijo Pipo, moviendo la antena—. ¡Tienen que mantenerse secas y a salvo durante cientos de años, o en el Festival de la Cosecha no habrá nada que sembrar! Sofía abrió l
En lo más profundo de la montaña, el aire era tan frío que le picaba la nariz. —Dieciocho grados bajo cero —anunció Pipo con orgullo—. Es lo bastante frío para que las semillas duerman una siesta larguísima, pero no lo bastante si se cuela aunque sea una gotita de agua. Sofía se frotó las manoplas una contra otra. —Entonces mi trabajo es mantener cada semilla bien seca —dijo, levantando su lupa de
—¡Primero las semillas, luego las meriendas! —pió Pipo, guiando a Sofía hacia la estación del Guardasemillas, un rincón acogedor junto a la gran puerta de la bóveda. Un par de manos con guantes se asomó desde detrás de una cortina de carámbanos y le pasó a Sofía una bandeja de sobres de semillas. —Prueba tu primer sellado, pequeña conservadora de semillas —dijo una voz cálida desde detrás de la co



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