Pablo y la Biblioteca de las Cosas Perdidas
Edades 6–8
Cuando Pablo descubre que las cosas perdidas del vecindario están escondidas en el parque, usa su ojo atento y su bondad para devolver cada una a su dueño.

Pablo estaba sentado en un banco de madera del parque, con su lupa de mango en forma de pájaro en la mano. El parque era hermoso, pero hoy se sentía un poquito triste. Un guante azul perdido estaba sobre el pasto, y una llave plateada descansaba cerca de la fuente. —Todo se siente solo cuando se pierde —susurró Pablo.
Pablo bajó de un salto del banco. —No te preocupes —le dijo al guante—. ¡Yo me encargo del caso! Con Pip corriendo por delante, Pablo empezó a revisar el suelo en busca de pistas. Sabía que hasta las cosas más pequeñas son importantes para alguien.
Encontraron una cinta roja y brillante enredada en un rosal. Pablo la desenredó con cuidado y sintió lo suave que era la tela. —Alguien debe de estar extrañándola —dijo Pablo, y la guardó bien en su bolsillo. Pip chilló feliz y señaló hacia el gran roble.



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