Pablo y el cometa del invernadero

Edades 6–8

Con un ingenioso arreglo de espejos y prismas, Pablo atrapa la rara luz de un cometa que pasa para dar vida a un invernadero cubierto de escarcha.

La portada de "Pablo y el cometa del invernadero"

Pablo vivía en una casa donde el jardín siempre estaba helado. Las plantas del invernadero se veían caídas, porque el sol del invierno se escondía detrás de las nubes. Pablo miró sus helechos caídos y suspiró. —Necesitamos más luz —le susurró Pablo a las hojas.

La radio zumbaba con una noticia: esa misma noche pasaría un cometa muy brillante. Tendría un resplandor extraño y plateado. Pablo agarró su cuaderno y un puñado de espejos. «La luz solo es una viajera —pensó Pablo—. Puedo ayudarla a encontrar el camino a casa».

Primero, Pablo armó un trípode alto junto a la puerta del jardín. Le sujetó un espejo que se podía inclinar y girar. Quería atrapar la luz del cometa antes de que se alejara a toda velocidad. Pablo revisó el ángulo dos veces y se aseguró de tener las manos firmes.

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